La inmovilidad como medida de la incertidumbre: cuando la mentira se convierte en juego

Autor: Gustavo Huitrón

Publicado el 11 junio, 2020

Sin duda alguna, estamos en un momento social y económico donde la palabra que mejor define la situación es incertidumbre. Y es esa incertidumbre la que está ligada con un concepto aún más amplio, el inmovilismo. Desde la empresa más pequeña a los grandes colosos, el parón que ha propiciado esta pandemia es incuestionable y perfectamente visible.

Ahora bien, dentro de esa inmovilidad podemos hacer un análisis algo más preciso y preguntarnos ¿Está, en su mayoría, generada por esta crisis o bien hay ciertos intereses en que sea así?

Siguiendo con la línea de artículos anteriores, volveré a tomarme la libertad de explicarme con un ejemplo que no está, ni mucho menos, fuera de lugar.

Toma, estimado lector, como referencia a la empresa X donde “X” puede sustituirse por cualquiera de las grandes multinacionales de cualquier sector. Yo, para hacerlo algo más certero pero sin ánimo de influir, me iré al sector de la moda y a muchas de sus grandes marcas.

Esa empresa X está, en este momento, sumida en una profunda crisis operativa y su principal, y yo diría que único objetivo, es conseguir refinanciación de su deuda a través de acuerdos con la banca. Y aquí comienza lo que yo llamo el juego del “me mientes y sé que me mientes pero me interesa que lo hagas”.

De un lado los activos que posee la empresa X y que son una de las principales armas de negociación para argumentar que se es suficientemente capaz de afrontar responsabilidades de pago futuras. Entre estos se contabilizan los que tienen que ver con su stock actual que no deja de ser un producto cuyo valor decrece con el tiempo debido a varios factores, entre ellos el no tener salida por la situación mundial en la que estamos.

De otro lado la banca que sabe perfectamente que los datos que le están suministrando son poco menos que un cuento, una fantasía, papel mojado pero, como engranaje de esta rueda de sucesos, los admite dando por buenos los valores presentados.

Hasta aquí una pequeña parte de lo que se mueve en esta negociando. Pero ¿qué tiene que ver con lo que estamos hablando aquí? Pues si nos fijamos un poco más vemos que la empresa X no necesita, en absoluto mover su importante stock en un tiempo muy corto ya que eso iría, según lo expuesto, en contra de sus intereses para conseguir esa refinanciación.

Paralelamente, y para dar más credibilidad a sus informes, presenta cifras de costes mucho más bajas que la realidad porque, simplemente, ha decidido no pagar a los dueños de los locales que tiene arrendados o a los proveedores de sus servicios o a los fabricantes de sus productos, generando una larga lista de impagos porque considera que es demasiado importante como compañía y puede hacerlo.

Todo esto da lugar a ese inmovilismo interesado, ese parón en la cadena de producción y de valor donde, al final, resultan perjudicados los más débiles. Al fin y al cabo, la empresa X acabará consiguiendo los M millones de dólares/euros/yenes/yuanes que necesita para seguir adelante. Es el virus del “demasiado grande para caer” tan propio de la teoría neoliberal.

Llegados a este punto del artículo, las sensaciones provocadas van desde la indignación hasta la defensa a ultranza de la manera de actuar de las grandes multinacionales, pasando por el intento de desprestigio de una opinión basada, sobre todo, en la vivencia directa de lo que aquí se comenta.

Porque, efectivamente, el sector que he seleccionado para la empresa X no es ajeno a mi trabajo diario y veo constantemente como entre las grandes marcas se repiten las prácticas de este tipo.

Y cabe hacer otra reflexión. El mundo de la economía es muy complejo, tanto que es imposible obtener una sola vía para llegar a un resultado. Los caminos son muy variados y las opciones infinitas. Y si es así, ¿Por qué las grandes empresas, y no tan grandes, tiende a repetir una y otra vez el modelo que antes indicábamos? ¿En serio no hay equipos de expertos muy especializados, y en muchos casos muy bien pagados, que propongan soluciones diferentes que no conlleven el fin de muchos de los que están en la cadena de valor y producción? ¿En serio la medida más socorrida debe ser contra el personal y los trabajadores directos e indirectos?

No creo en las confrontaciones por mucho que algunos se empeñen en considerar que estamos en “tiempos de guerra”. No creo que las decisiones deban pasar por destruir antes de crear nuevos horizontes. Y no creo que debamos buscar como excusa ese inmovilismo y esa incertidumbre para no hacer nada.

El paso a la proactividad. Perspectivas que ayudan a construir antes de destruir.

Vuelvo a mi tendencia de explicarme a través de ejemplos y pongo sobre la mesa una posibilidad, quizás arriesgada o fantasiosa para muchos pero que es, al menos, una opción a estudiar.

La empresa X se desvincula de las prácticas habituales y decide que su stock debe estar diversificado para no morir en un almacén. Decide que debe apoyarse en sus partners, distribuidores, promotores así como llegar a acuerdos con los propietarios de los locales que tiene arrendados. Necesita visibilidad, movimiento, rotación.

Decide, sin más, que debe hablar con todos ellos y buscar una salida común. Decide apoyar y apoyarse en medidas que van desde la cesión de parte de ese stock para aumentar su capacidad de exposición y venta, repartiendo de una manera equilibrada los resultados obtenidos hasta fórmulas que la presenten ante la opinión pública y los consumidores como un claro ejemplo de empresa que quiere ayudar a quién no puede. ¿Y esto es posible? ¿Cómo y de qué manera?

Siguiendo con la empresa X, tenemos un stock importante de prendas de ropa. Sabemos que nuestro producto no está dentro del grupo de los que son fundamentales o de primera necesidad, además hasta su comercialización depende de los cambios climatológicos con lo que nuestros márgenes de tiempo para darle salida son muy limitados porque, de lo contrario, nos quedamos sin mercado (¿entienden ahora lo de la falsedad en el valor de un activo como este?)

Y aquí entra en funcionamiento lo que hablábamos en un artículo anterior sobre lo que implica formarse en un conocimiento de la empresa (aquí link del artículo anterior) porque hacemos un balance de los costes/beneficios de actuar con una visión más amplia. Poner ese stock a disposición de quién nos ayude y a quién ayudar no supone confrontar el valor del mismo con sanear los balances.

Es verdad que lo más fácil es seguir en ese juego macabro dónde caen los que menos tienen y forjamos una imagen viciada y falsa de la realidad económica de ese gigante o de esa marca pero no es menos real que subestimar la capacidad de todos aquellos que permiten a las marcas tener una profundidad mayor de mercado es un error que se acaba pagando muy caro

No olvidemos que los gigantes no deben su poder al hecho de serlo, sino a que sus pies no sean de barro.

Ya hace un tiempo que hemos entrado en una nueva época donde los cambios que se demandan no es que sean necesarios sino que son de una urgencia tal grande que nos va la vida en ello. El modelo económico actual está obsoleto y perder el tiempo en discutir sobre lo pasado no aporta nada más que la pérdida de un tiempo que no tenemos y que es, ahora más que nunca, un lujo. Desde aquí invito al lector a aportar su punto de vista, su visión en primera persona sobre la realidad que vive, su momento, lo que está percibiendo a su alrededor para que pueda confrontar los hechos que tiene a mano con lo que aquí se argumenta. Como antes indicaba, debemos construir antes de destruir.

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