Lo que estamos viviendo y hacia donde vamos. Perspectivas desde Europa

Autor: José Luis Martínez V.

Publicado el 2 abril, 2020
Coronavirus - COVID19

El escenario dantesco en el que nos hemos visto inmersos desde el inicio de la pandemia ha llevado al mundo a una situación de toma de decisiones que, en muchos casos, no se ha correspondido en tiempo, velocidad y transparencia con lo que exige el momento en el que nos encontramos. Las empresas han vivido como, en un tiempo récord, sus previsiones se han convertido en poco menos que papel mojado, teniendo que adaptarse a unas nuevas maneras de hacer las cosas para las que no estaban, ni mucho menos, preparadas. Esto ha venido a aumentar el enorme conflicto social y económico cuyas conclusiones todavía no se vislumbran en toda su amplitud.

¿A qué nos estamos enfrentando?

Más allá de la inmensa emergencia sanitaria que está provocando el impacto del Coronavirus y ahondando en la manera de operar del tejido industrial, independientemente del tamaño de este, tenemos que hacer un análisis de las infraestructuras operativas y el cómo se han venido utilizando como respuesta a las necesidades que conlleva este brutal cambio.

Conceptos como digitalización de las pymes, entornos de trabajo cambiantes, evolución de las políticas de empleo, adecuación a nuevas formas de trabajar, criterios medioambientales, sociales y desarrollo empresarial sostenible, planes de contingencia frente a colapsos derivados de cualquier tipo de catástrofe y un largo etcétera, han vuelto a copar los titulares de muchos medios de comunicación y de opinión buscando poner algo de orden.

Las primeras medidas por las que se ha optado han sido aquellas que conllevan una base tecnológica muy potente y a la que, hasta la fecha, poca o nula atención se le había dado. El teletrabajo es la primera solución a la que se ha recurrido para aliviar, en la medida de lo posible, las caídas en la operativa de las compañías y, sobre todo, reducir al máximo las pérdidas derivadas.

También la educación se ha volcado en esta manera de hacer con los Ministerios de Educación de los diferentes países de la UE implantando deprisa y corriendo, modelos para hacer llegar los conocimientos al grueso de sus estudiantes.

Y estos son sólo dos ejemplos de las decisiones tomadas pero, como todo proceso que no tiene un plan organizado y asentado, a partir de aquí han surgido nuevos problemas que harán acto de presencia en los próximos días.

¿Qué sentido tiene el trabajo desde casa cuando ni las infraestructuras de comunicaciones, ni los equipos de trabajo, ni los tiempos de uso, ni la organización, ni la manera de trabajar están optimizadas para un cambio de este calado? Es verdad que nos encontramos en un estado de alarma mundial y se ha recurrido a lo primero que había a mano pero no por ello debemos perder de vista que esta necesidad no es algo ni nuevo ni que no se haya tratado a lo largo de los años. Pero más allá de los reproches, toca ver lo que nos aguarda en el horizonte temporal y, esta vez sí, estar preparados.

Una nueva visión

En las tecnologías operativas, y partiendo de la base de los sistemas SaaS, debemos ir hacia un modelo de negocio que vaya más allá de los servicios. Una especie de SaaS 5.0 donde se estructure un despliegue de soluciones para optimizar al individuo, su espacio de trabajo, su toma de decisiones, la optimización de tiempos de trabajo, su formación constante, versatilidad para cambiar “maneras de hacer las cosas” así como la implementación de simulacros sobre las estructuras para estar preparados ante posibles conflictos.

No se puede pretender adaptar un proceso, por muy simple que sea, sin que medie su correspondiente instrucción. Hay que dar un cambio muy importante al factor formativo del individuo y otorgar la importancia que tiene dentro de la cadena de valor.

Securizar todos estos cambios es otra de las grandes labores que se deben afrontar. Derribar los viejos tabúes de que la seguridad es algo secundario para una empresa aún sabiendo que, previa a la crisis, las pérdidas por la falta de políticas de seguridad eran multimillonarias. ¡Cuánto más ahora que nos dirigimos hacia un entorno mucho más virtual!

El eje de toda labor sigue siendo el individuo y la adecuación del espacio de trabajo siguiendo un modelo adaptativo acorde a las circunstancias. No debemos provocar que el lugar de trabajo sea deficiente y, con ello, afecte a la productividad cuando nos movemos de un sitio de trabajo a otro (es muy importante tener esto en cuenta si hay un planteamiento de teletrabajo).

Dentro de las políticas de respaldo, tanto del capital humano como el tecnológico, debe estar muy claro cómo, de qué manera y cuándo se deben activar y bajo que circunstancias. El trabajador corre el riesgo de quedar anulado frente a situaciones de urgencia si no cambiamos el modelo de aprendizaje, formación, desarrollo personal y empresarial por estar encapsulado en una función o capacidad que le impida ser versátil cuando la situación lo exija. Básicamente es optimizar la mano de obra, redistribuyendo labores y funciones.

Todo esto tiene un profundo impacto psicológico en todos los que intervienen, activa o pasivamente, en estos cambios. Es este elemento, el psicológico, otro de los pilares que hay que tener muy en cuenta en los cambios que se avecinan. Recordemos que cuando una empresa se enfrenta a cualquier cambio de su infraestructura tecnológica, el mayor rechazo, generalmente, proviene del usuario final. En definitiva, es el momento justo ahora y tomando de referencia lo que estamos viviendo, cuando debemos empezar a afrontar todos estos cambios. La idea de “volver a la normalidad” es obsoleta y debe ser desterrada. Esto es un nuevo paradigma y es lo que tenemos que tener muy presente.

¿Y qué nos vamos a encontrar ahora y qué soluciones tenemos a nuestra disposición?

Los modelos matemáticos predictivos de análisis de comportamiento de los núcleos de población pero con un importante componente de respecto a la privacidad, seguridad, integridad y fiabilidad apoyándose en tecnologías como Blockchain e Inteligencia Artificial.

Nuevos paradigmas en el comportamiento social en la manera de movernos, relacionarnos e interactuar dentro de una sociedad cambiante pero sin generar aislamiento del individuo. Políticas de ayuda y adecuación en un contexto psicológico de nuevos estímulos y situaciones nunca antes vividas.

Cooperación versus miedo y aislamiento. Ese aislamiento vivido en primera persona repercutirá en la manera de ver a ciertos colectivos e interacturar con ellos.

El enfoque tecnológico de evitar el aislamiento, incidiendo mucho sobre la experiencia por la que se está pasando pero generando un espacio seguro y confiable.

Reforzar la labor científica y de investigación como primer baluarte en el análisis y prevención. Anticipar posibles conflictos mediante los modelos matemáticos antes indicados. Y volvemos en este aspecto al uso de las herramientas de manejo de enormes cantidades de datos.

La globalización debe ser tenida en cuenta como fenómeno necesario y un eslabón más en la cadena de valor sociedad pero abandonando esa idea de que es el único y principal criterio para, por ejemplo, crear una empresa. La idea de buscar vender producto barato, fabricado a miles de kilómetros, siendo este el principal valor empresarial, muy arraigado desde hace mucho tiempo, debe dejar paso a una globalización escalonada y escalable.

Romper, mediante el uso de tecnología y aprendiendo de la experiencia de vulnerabilidad, la exclusión de colectivos que, provoca a su vez, es la exclusión de una masa muy importante de un mercado cercano y más distante.

Las evoluciones iniciadas por las criptodivisas tienen un largo camino ya que se han demostrado una alternativa frente a nuevas necesidades de uso y aplicación. Este aspecto, muy intensamente relacionado con las finanzas, conlleva una necesidad de desarrollo tecnológico inmensa y de mejora de los sistemas.

Las unidades robotizadas, no como producto de sustitución, sino como herramientas de intervención allí donde el peligro para el ser humano es extremo (entendamos este punto con el ejemplo de la potencial desinfección de espacios y atención a enfermos graves donde la intervención humana es imposible).

Las tecnologías de diseño 3D, potenciando su funcionalidad y evolucionando en la aplicación de soluciones para un mayor número de sectores.

Se abre un enorme abanico de posibilidades para comenzar, en unos casos, y rehacer, en otros, modelos de negocio que esta crisis ha demostrado que son deficientes o, en muchos casos, inoperativos. Desde aquí volveremos con nuevos planteamientos y análisis más precios porque las ideas deben tomar forma y es una alternativa para todos.

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